Cerrado

Turu

Por favor, no molesten. Esa es la etiqueta que llevo colgada desde hace un tiempo. Como si alguien fuera a verla a parte de mi.

El miedo asusta a mis pies rifándose a cual de ellos le toca dar el siguiente paso, haciendo que me pare, haciendo que me caiga en un silencioso impacto. Las heridas me cubren, sin yo dejarlas cerrar, molestándolas día a día, ¡Ya basta!, me grito. Pero ellas me siguen escociendo y en cuanto me despisto ya estoy otra vez rascándolas hasta que la sangre vuelva a manar. Cae arrastrándose sobre mi blanquecina piel. La miro, hipnotizado, sin ver nada más a mi alrededor.

Sin embargo, algunos días me despierto aún soñando. Esos días son peculiares. Las sábanas suaves me animan a dejarlas susurrándome que por la noche allí estarán. El agua me da fuerzas mientras la atravieso braza a braza. En las caras de la gente no consigo ver la mentira que esconden y las sonrisas que recibo se consiguen colar dentro de mí que, aunque pocas, consiguen hacerme sentir.

Cuando la cama está a mi espera no quiero acostarme, no quiero despertar de este sueño en el que he vivido. Ignorándome, mis ojos se cierran por el peso del cansancio. Abro los ojos con esfuerzo mientras pienso en lo que he soñado intentando memorizarlo. Para cuando he salido de la cama ya he perdido mi sueño, arrastrando las sabanas tras de mi


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