Ilusiones

ositosbn

Hay veces que una sola luz, efímera y fugaz, es suficiente para iluminar recónditos lugares. Lugares en los que incluso su color se perdió en la oscuridad con el inexorable paso del tiempo. Una luz que enciende nuestro mayor poder y a la vez nuestra mayor desgracia, la esperanza.

Poder, nos permite que no rendirnos incluso ante el aplastante peso de la lógica y la razón. Nos da alas para salir del mayor de los agujeros y a la vez marca una sonrisa en nuestra cara para enfrentarnos, como si de un escudo se tratase, a todas las vicisitudes de la vida. Desgracia, nos tapa los ojos de las obviedades, engaña a nuestros sentidos con falsas percepciones e insufla ilusiones a nuestro incauto corazón.

Ilusiones que cuando la esperanza se va, se quedan, pero, sin la energía que esta las da, sin la luz que las creó, se endurecen formando afilados cristales quebradizos que, con los latidos, se astillan poco a poco clavándose dentro tuyo. Tienes miedo de tu próximo latido ante las astillas aún clavadas. Intentas alargar el tiempo entre latidos. Pum pum  pum    pum       pum                        pum                                                 pum… Hasta que, sin darte cuenta, los latidos se detienen, las astillas pasan a ser parte de ti y el tiempo vuelve a traer a la oscuridad cubriendo todo.

Una luz, efímera y fugaz, se acerca, la ves y con ella ves ese recóndito lugar donde escondiste tiempo atrás a tu corazón. Sigue ahí, frio, quieto, con la sangre negra y seca cubriéndolo salpicado por astillas de cristal. Lo escondes más adentro y huyes de la luz arrastrando los pies pues tienes miedo. Miedo de no saber si esa luz será capaz de curarte o simplemente te hará latir una vez más consiguiendo solo remover los cristales.