Mira si soy tonto que me estoy permitiendo un lujo, prohibido hace mucho tiempo ya. Sabes lo que me digo, déjame vivir, déjame sentir, pues quizás sea lo que necesite. Ya tendré tiempo de volver a mi cueva particular.
¡Se me olvidaba! Permíteme sufrir de nuevo también, ya se me vuelve repetitivo.
Como en una fotografía las luces que pasan por tu vida se quedan grabadas en el instante que abres los ojos. Dependiendo de tu fuerza conseguirás tener más o menos abiertos los ojos haciendo que se queden grabadas estelas de vivencias largas o cortas. Sin embargo, hay veces que la luz es tan fuerte que incluso con los ojos cerrados eres capaz de vislumbrar una estela, sin fondo ni contexto. Entremezclándose con el resto. Y cuando esta es más fuerte aún, se queda grabada en la retina pudiendo ver la luz suspendida en tu conciencia incluso cuando ya no está, incluso cuando ya no lo quieres ver. Hasta que llega el momento en que esta se empieza a difuminar y en lo único que piensas es como volver a grabar esa estela en tu visión, como si de una droga se tratara.