Asfalto humedo

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Hay muy pocas cosas que me gusten más que patinar. Quizás esquiar, si quitásemos el coñazo de los remontes.

Me siento completamente liberado con unas meras ruedas puestas longitudinalmente en los pies. Me permiten hacer lo que yo quiero poniéndome el límite a mi mismo, sin que ellos sean ningún impedimento sino una extensión de mi cuerpo. Cojo velocidad usando todo mi cuerpo, giro deslizando los pies notando el punto justo de pérdida de agarre de las ruedas cambiando, de forma casi inconsciente, el punto de apoyo o el ángulo para controlar ese deslizamiento. Siento que ruedas están en el suelo mientras me dejan girar sobre mi mismo o avanzar en línea recta a alta velocidad variando levemente la tensión de los músculos del pie. Cuando salto, el tiempo se para reanudándose a cámara rápida cuando contacto con el suelo y todo mi cuerpo reacciona equilibrando el golpe recibiéndolo con una descarga de adrenalina.

Ahora me gustaría saber que rueda se va a deslizar, que apoyo hacer, para evitar mi caída y seguir rodando o tener tiempo suficiente para prepararme a recibir un golpe evitando posibles lesiones pues, en otoño, el asfalto húmedo puede ser muy traicionero, en especial cuando te emocionas.