Aquí si que me he pasado buenas horas, en la biblioteca del Sol de Albacete. A raíz de mi desastroso expediente a mediados de segundo de bachiller me dije que me tenía que poner las pilas y gracias a Cristina y a esta biblioteca lo conseguí, el problema es que ahora cuando de verdad quiero estudiar me toca venirme aquí.
Es curioso como los humanos somos tan adaptables pero tan cerrados a la vez. Al principio te cuesta donde sea y como sea pero una vez vas cogiendo el ritmillo no hay quien te pare, mientras no te cambien de lugar, en mi caso es sentarme en esas sillas y se me pasan las horas volando y sin problema, aunque también hay que decir que la asignatura influye en gran medida. De todas formas esto no acaba así.
Lo mismo pasa en casi todos los aspectos de la vida, puede que nos cueste adaptarnos pero con fuerza de voluntad lo haremos y una vez instaurados en una costumbre cuesta igualmente quitarla. Por ejemplo, toda persona que halla hecho deporte medianamente en serio alguna vez en su vida, cuando está un tiempo sin él le entra mono y eso pasa con todo, desde el alcohol que algunos tanto agrada o incluso el estudiar (de todas formas yo aún estoy tratando de viciarme a eso con escaso éxito).
Sabías que la misma estructura del cerebro, la forma en que nuestras neuronas se conectan entre sí, cambian cuando aprendemos o adquirimos un hábito. Es curioso pero es así, por ejemplo, cuando aprendiste en bici al principio tenías que pensar todos los movimientos pero ahora te montas y ni siquiera se te pasa con la cabeza, o escribir a máquina, o , en mi caso, patinar. Esa es una de las principales características que separan a los humanos de los animales. Podemos aprender a usar herramientas hasta el grado de que ni nos damos cuenta de ello, como si formaran parte de nosotros.
El problema es que esta capacidad nos supone un esfuerzo usarla y no siempre estamos dispuesto a ello, pero como todo, hasta te puedes acostumbrar al esfuerzo.
Saludos