2 Días en New York (y II)

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Como portada el modelo del nuevo robot con destino Marte, como contenido lo prometido: uno puede hacer en un día en Nueva York. Así da comienzo mi día 2.

Día 2

Después de una noche en la que me di cuenta de que no sabía lo que significaba roncar (siquiera mi tío se le acercaba) donde con los tapones puestos podías notar como vibraban las paredes frente a tal sonido, salí a desayunar. Lógicamente mi estómago me llevó, como buen animal de costumbres, al mismo sitio que ayer. Tras reponer colesterol, grasas y azúcar seguí en mi paseo metropolitano para ir a acabar, después de tiendas, a patinar al Rockefeller Center. Si, era pequeño, los patines una peste pero me lo pasé pipa. Rutinaria visita al Apple Store (también llamado ciber gratuito). Seguí andando hasta que la llamada de mi estómago me reclamó. Tras cumplir sus órdenes cogí el Subway hacia el Museo de Historia Natural que había una exposición nueva sobre la exploración espacial. Al echarme finalmente del museo, tras quedarme embobado con las exposiciones de pájaros y minerales, me dirigí a Broadway a una tienda de deportes de montaña sobre la calle 86.

DSC_4259-01A partir de ahí me propuse un “ligero” pateo. Atravesar todo Broadway hasta Wall Street. Así que dicho y hecho. Parándome donde quisiera y yendo a los McDonalds para vaciar vejiga mi caminata fue llevada a cabo. Paré en el Food Market de la esquina de Central Park para cenar (japones of course) y para comprar fruta y leche (de esa que te deja el bigote blanco). Andando y andando en mi cabeza se me estaba empezando a formar una capa de hielo, así que a pesar de que destrozaba mi estilo, me puse la braga a modo de gorro (estábamos a unos -2ºC, y el real feeling ese ponía de -10ºC (con el que me encontraba de acuerdo). Ande, ande  y ande. Enfrente del Flatron me terminé la leche y en Union Square, mientras unos patinadores me daban envidia, me tomé las fresas. Llegue a Wall Street a las 10 y eso estaba desiertamente precioso. Tras unas fotos vi que ya no podía más así que cogí el Subway de vuelta a Penn Station (con una preciosa chica sentada frente a mi que no parábamos de mirarnos). Preparar el equipaje, ducharme y tras ponerme los tapones, la braga en los ojos y caer sobre la cama dormir como un enano feliz por estos dos maravillosos días.

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